El pueblo de México que reza con refresco: la historia de la Coca-Cola en San Juan Chamula
En un templo tsotsil de Los Altos de Chiapas, las botellas de refresco conviven con las velas y las oraciones. Detrás hay una historia de fe, caciques, una guerra comercial y un costo de salud que todavía se paga.
Imagina entrar a una iglesia y no encontrar bancas. El piso está cubierto de juncia, hojas frescas de pino. Hay cientos de velas encendidas directamente sobre el suelo, el aire huele a copal y, entre las ofrendas, aparecen botellas de refresco. No es una escena montada para turistas. Es el templo de San Juan Bautista, en San Juan Chamula, un municipio tsotsil ubicado a unos minutos de San Cristóbal de Las Casas, en el sur de México.
Ahí las familias rezan, dan un trago y eructan. Lejos de ser falta de educación, según la tradición el eructo ayuda a que lo malo salga del cuerpo. Lo curioso es que ese papel no siempre lo tuvo el refresco.
Durante generaciones, el protagonista de los rituales fue el pox, un aguardiente tradicional de la región. Con la llegada de distintos grupos religiosos, el trago empezó a verse como algo dañino, incluso como “cosa del diablo”, y poco a poco se fue haciendo a un lado. ¿Quién ocupó su lugar? El refresco.
El antropólogo Jaime Tomás Page-Pliego, investigador de la UNAM, documentó esta historia en un artículo publicado en 2013 en la revista LiminaR. Ahí retoma el caso de Salvador López Tuxum, líder de uno de los grupos más poderosos de Chamula. Según la investigación, se le describía como acaparador de la producción del municipio, prestamista y distribuidor de los productos con más demanda: Coca-Cola, Pepsi y cerveza.
De acuerdo con el testimonio de su hijo, recogido por la investigadora Laura Jordan, en 1962 llegaron las refresqueras a ofrecerle la concesión. Como no había carretera, bajaba a San Cristóbal por las botellas a caballo. La gente caminaba hasta 30 o 40 kilómetros para ir a comprarle. Ofrecer refresco en fiestas, bodas y tratos se volvió muy pronto una señal de respeto y prestigio en toda la región.
Durante años se vendieron Coca y Pepsi juntas. Según el mismo testimonio, después las empresas habrían puesto un ultimátum: o te quedas con una o te vas con la otra. La familia se quedó con Coca-Cola.
La historia también tiene un lado amargo. Investigadores señalan que el control del pox, de las velas y del refresco quedó en manos de los grupos de poder locales. Cuando familias convertidas a otras religiones dejaron de comprar esos productos, el conflicto creció. Desde 1974, miles de personas habrían sido expulsadas de sus comunidades, un fenómeno documentado por académicos y organizaciones de derechos humanos.
Hoy, de acuerdo con datos citados por Page-Pliego, en Los Altos de Chiapas se consumen en promedio más de dos litros de refresco por persona al día, una de las cifras más altas del mundo. México ya era señalado como el principal consumidor de Coca-Cola per cápita del planeta. El mismo estudio advierte que ese consumo está ligado al aumento de la obesidad y la diabetes en la región. En el municipio vecino de Tenejapa, la diabetes pasó de ser la séptima causa de muerte en 2008 a la primera en 2010.
Aun así, conviene no confundirse. En Chamula nadie le reza a la Coca-Cola. Le rezan a sus santos. La bebida es solo el vehículo de una tradición que antes usaba pox y hoy usa refresco. Y eso, quizá, es lo más interesante de toda esta historia: cómo un producto global terminó metido en el corazón de una fe local.
Si algún día visitas San Juan Chamula, recuerda que está prohibido tomar fotografías dentro del templo. Es un espacio sagrado y se visita con respeto.
¿Tú ya conocías esta historia? Cuéntanos en los comentarios.
FUENTES
Page-Pliego, Jaime Tomás (2013). “Refresco y diabetes entre los mayas de Tenejapa, San Cristóbal de Las Casas y Chamula, Chiapas”. LiminaR. Estudios Sociales y Humanísticos, vol. XI, núm. 1, pp. 118-133.
Jordan, Laura K. (2008). El problema de la responsabilidad social corporativa: la empresa Coca-Cola en Los Altos de Chiapas. CIESAS-Sureste.
Blanding, Michael (2010). The Coke Machine. Avery-Penguin.
Por Enrique A. Hernández Escobar | ENALHE Media
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